EL NUEVO URBANISMO AMERICANO, CIUDADES “DE PELÍCULA”

Era 1997 cuando Jim Carrey encarnaba en “The Truman Show” a un individuo cuya vida había sido monitoreada, desde su nacimiento, en un gigantesco estudio de televisión. Tal vez, Truman Burkban, nunca imaginó que su persona o personaje, inspirara tantos mensajes. Las escenas transitan en un mundo casi ideal: sociedad respetuosa, vecindad amigable, entorno homogéneo. ¿Ficción, deseo o realidad?

La sociedad americana, plantea una nueva forma de componer el espacio urbano planificado, justificado por sus mentores en la recreación del concepto de los viejos pueblos del Medio Oeste.
En los diferentes casos se repiten casi con rigor los “detalles” de la felicidad suburbana, los niños, la bicicleta, el perro, los árboles. La comunidad y su afecto a un artificial centro cívico, cultural y social, que se recrea espontáneamente como una escenografía y constituye un marco idílico.

Las viviendas se visten de estilos clásicos (victoriano, colonial, francés) sólo en sus fachadas, escondiendo en sus interiores lo contemporáneo, tan solo una máscara. Las conductas de selección de los consumidores, estarán determinadas por su preferencia por un “estilo de vida paradisíaco”, otro que garantice el “estatus soñado”, o uno que canalice mediante enclaves de seguridad, los miedos que presenta la creciente violencia urbana.

El ideal norteamericano consiste en poseer una casa para su familia en un lote privado separado de las demás viviendas. Casi todas las encuestas realizadas indican que dos tercios de las familias de los Estados Unidos prefieren ese estilo de vida. Persiguiendo ese ideal un número cada vez mayor de familias se trasladó a los suburbios. Estas y otras son las justificaciones de estas soluciones urbanas para aquella cultura.

Cabe reflexionar y preguntarse cuál es el deseo profundo de los desarrolladores del nuevo urbanismo americano, en donde normalmente la evolución de una comunidad requeriría de toda una vida y que, en este caso, se ha acelerado y resumido en una década.

La respuesta se podría encontrar en desarrollos reales y emblemáticos, donde se detallan algunas particularidades. En el caso de Woodlands, en Texas, consolidado en las cercanías de Houston, sobre un valle de coníferas en donde los emprendedores realizan inversiones, en conjunto con el Estado sobre las vías de acceso, y con corporaciones privadas como IBM y Microsoft o universidades estatales para anclar en otros aspectos a la comunidad.

Por otra parte, en Celebration, Orlando, los urbanistas recrean, la calle mayor de la Disneylandia original californiana y han preferido trasladar su “memoria” más atrás, urbanismo de principio del siglo pasado, aseverando, además, la compañía del ratón que los Estados Unidos necesita en las próximas décadas un millar de Celebration, e inclusive la posibilidad de desembarcar en París, la primera comunidad en el Viejo Continente.

Para el final, Seaside, la ciudad de nuestro protagonista del reality show, Truman Burkban, en la costa del golfo de México, en la península de Florida, nos sorprende con un escenario tan perfecto, que pocos saben que en la ficción de la película fue utilizado el lugar real. Un enorme decorado urbano, contiene a la trama del filme con una sociedad tan planificada como su sitio.

Este modelo de ciudades sin memoria, donde el hoy será exactamente igual al mañana, lo debe frenar nuestra cultura urbana. La sensación de consumo como eje de reflexión sobre estas nuevas urbanizaciones que se avistan en el Norte, nos hacen sentir que, saliendo del siglo XX, las potencias económicas se reorganizan para hacernos consumidores del siglo XXI y regresarnos como ciudadanos al XVIII. Tal vez pensar globalmente y actuar
localmente sea la manera de avanzar.

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